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Hoy, la mayoría de los restos óseos que se conservan en el Museo de la Policía de La Paz son producto de una excavación que se realizó en las inmediaciones de una granja de rehabilitación de delincuentes que se hallaba hace varias décadas en el área rural. Foto: Miguel Inti Canedo.

Cada año, cientos de creyentes se dan cita en el cementerio de La Paz para intentar que el cura rocíe a sus calaveritas con agua bendita. El cura, sin embargo, únicamente oficia misa. Foto: Álex Ayala.

Doña Anita se dedica a echar las cartas y a ayudar a los desesperados a través de "limpias", mesas rituales y sus trece almitas, trece calaveritas que descansan en un pequeño cuarto de su domicilio de La Paz que algunos han bautizado ya como el “Templo de la Muerte”. Entre sus fieles, doña Anita dice que hay médicos, arquitectos, profesores, amas de casa, gente pobre y gente rica. Y además, policías, abogados, jueces y fiscales. Foto: Miguel Inti Canedo.

Juanito y Juanita llevan en la división de homicidios de la ciudad de El Alto más de treinta años. Tienen fama de ser implacables en los interrogatorios, de resolver asesinatos sin pisar el lugar de los hechos, de defender tanto a las víctimas de grandes asaltos como de pequeños hurtos. Y su expediente es impoluto: dicen que han ayudado a solucionar más de doscientos casos. Juanito y Juanita son dos calaveritas que "colaboran" a los investigadores en sus pesquisas. Foto: Álex Ayala.

Desde hace años, cada 8 de noviembre, Mariela Altamira lleva a su calaverita Josefina dentro de una caja de zapatos al cementerio de La Paz. Allí se celebra El Día de Ñatitas, una fiesta pagana que reúne a cientos de devotos que rinden homenaje a las calacas. Foto: Álex Ayala.

En los años 40, en el Museo de la Policía de La Paz, había una calaverita de un preso suicida que intentó quitarse la vida en cuatro ocasiones: la primera vez, se arrojó de lo alto del muro de la cárcel pero no se rompió nada; luego hizo trizas una botella y se tragó los vidrios pero ni siquiera se indigestó; después se colgó de una viga y se rompió la soga; y no logró su objetivo hasta encender un brasero dentro de su celda (se asfixió con el gas carbónico que desprendía). Foto: Miguel…

La hazaña más comentada del Capitán Jordán es haber juntado en una misma sala a policías y antisociales. Porque esta calaverita tiene seguidores de toda clase social y de toda condición económica. Esto ocurrió hace casi ya una década, durante una de las veladas que cada quince días se organizan en honor al Capitán en domicilios particulares. Foto: Álex Ayala.

El festejo en homenaje al Capitán Jordán fue el año pasado en El Dorado, un salón enorme de paredes de color naranja. El Dorado, que queda a pocas cuadras del cementerio, se engalanó para la ocasión y se veía espléndido. Algunos invitados lucían sombreros lilas. Un pastel en pleno centro lleno de fotos de calacas dominaba la escena y el trago corría de un lado para otro. Todo, para que el Capitán Jordán y el resto de las ñatitas que lo escoltaban se sintieran a gusto. Foto: Álex Ayala.

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