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Hoy, la mayoría de los restos óseos que se conservan en el Museo de la Policía de La Paz son producto de una excavación que se realizó en las inmediaciones de una granja de rehabilitación de delincuentes que se hallaba hace varias décadas en el área rural. Foto: Miguel Inti Canedo.

Hoy, la mayoría de los restos óseos que se conservan en el Museo de la Policía de La Paz son producto de una excavación que se realizó en las inmediaciones de una granja de rehabilitación de delincuentes que se hallaba hace varias décadas en el área rural. Foto: Miguel Inti Canedo.

Doña Anita se dedica a echar las cartas y a ayudar a los desesperados a través de "limpias", mesas rituales y sus trece almitas, trece calaveritas que descansan en un pequeño cuarto de su domicilio de La Paz que algunos han bautizado ya como el “Templo de la Muerte”. Entre sus fieles, doña Anita dice que hay médicos, arquitectos, profesores, amas de casa, gente pobre y gente rica. Y además, policías, abogados, jueces y fiscales. Foto: Miguel Inti Canedo.

Doña Anita se dedica a echar las cartas y a ayudar a los desesperados a través de "limpias", mesas rituales y sus trece almitas, trece calaveritas que descansan en un pequeño cuarto de su domicilio de La Paz que algunos han bautizado ya como el “Templo de la Muerte”. Entre sus fieles, doña Anita dice que hay médicos, arquitectos, profesores, amas de casa, gente pobre y gente rica. Y además, policías, abogados, jueces y fiscales. Foto: Miguel Inti Canedo.

Cada año, cientos de creyentes se dan cita en el cementerio de La Paz para intentar que el cura rocíe a sus calaveritas con agua bendita. El cura, sin embargo, únicamente oficia misa. Foto: Álex Ayala.

Cada año, cientos de creyentes se dan cita en el cementerio de La Paz para intentar que el cura rocíe a sus calaveritas con agua bendita. El cura, sin embargo, únicamente oficia misa. Foto: Álex Ayala.

En los años 40, en el Museo de la Policía de La Paz, había una calaverita de un preso suicida que intentó quitarse la vida en cuatro ocasiones: la primera vez, se arrojó de lo alto del muro de la cárcel pero no se rompió nada; luego hizo trizas una botella y se tragó los vidrios pero ni siquiera se indigestó; después se colgó de una viga y se rompió la soga; y no logró su objetivo hasta encender un brasero dentro de su celda (se asfixió con el gas carbónico que desprendía). Foto: Miguel…

En los años 40, en el Museo de la Policía de La Paz, había una calaverita de un preso suicida que intentó quitarse la vida en cuatro ocasiones: la primera vez, se arrojó de lo alto del muro de la cárcel pero no se rompió nada; luego hizo trizas una botella y se tragó los vidrios pero ni siquiera se indigestó; después se colgó de una viga y se rompió la soga; y no logró su objetivo hasta encender un brasero dentro de su celda (se asfixió con el gas carbónico que desprendía). Foto: Miguel…

Juanito y Juanita llevan en la división de homicidios de la ciudad de El Alto más de treinta años. Tienen fama de ser implacables en los interrogatorios, de resolver asesinatos sin pisar el lugar de los hechos, de defender tanto a las víctimas de grandes asaltos como de pequeños hurtos. Y su expediente es impoluto: dicen que han ayudado a solucionar más de doscientos casos. Juanito y Juanita son dos calaveritas que "colaboran" a los investigadores en sus pesquisas. Foto: Álex Ayala.

Juanito y Juanita llevan en la división de homicidios de la ciudad de El Alto más de treinta años. Tienen fama de ser implacables en los interrogatorios, de resolver asesinatos sin pisar el lugar de los hechos, de defender tanto a las víctimas de grandes asaltos como de pequeños hurtos. Y su expediente es impoluto: dicen que han ayudado a solucionar más de doscientos casos. Juanito y Juanita son dos calaveritas que "colaboran" a los investigadores en sus pesquisas. Foto: Álex Ayala.

José Arancibia, director del Museo de la Policía de La Paz, tiene ojos grandes, como de sapo, cejas pobladas, un peinado hacia atrás que hace ver su pelo como un caparazón, una chaqueta azul marino, un pantalón jean y una oficina que parece más una sala de interrogatorios. Arancibia dice que, desde que se creó el museo, se ha vuelto una costumbre exhibir algunos cráneos, cráneos a los que les suele poner velas. "Para que Dios los guarde en su misericorida", señala. Foto: Miguel Inti Canedo.

José Arancibia, director del Museo de la Policía de La Paz, tiene ojos grandes, como de sapo, cejas pobladas, un peinado hacia atrás que hace ver su pelo como un caparazón, una chaqueta azul marino, un pantalón jean y una oficina que parece más una sala de interrogatorios. Arancibia dice que, desde que se creó el museo, se ha vuelto una costumbre exhibir algunos cráneos, cráneos a los que les suele poner velas. "Para que Dios los guarde en su misericorida", señala. Foto: Miguel Inti Canedo.

电锯惊魂4 剧照

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El Día de Ñatitas la romería de fieles es una constante en el cementerio. Y uno halla  acá calaveritas para todo gusto: las hay con dientes y sin dentadura, con gorros de lana y con tocados pintorescos, con nombres comunes, como Pedro, Freddy, Johny, Alberto, Fernando o Teresita, y con otros que no lo son tanto, como La Poderosa, El Profe o William Shakesperare. Foto: Álex Ayala.

El Día de Ñatitas la romería de fieles es una constante en el cementerio. Y uno halla acá calaveritas para todo gusto: las hay con dientes y sin dentadura, con gorros de lana y con tocados pintorescos, con nombres comunes, como Pedro, Freddy, Johny, Alberto, Fernando o Teresita, y con otros que no lo son tanto, como La Poderosa, El Profe o William Shakesperare. Foto: Álex Ayala.

Según Josué González, clarividente y curandero, basta con tener un poco paciencia y saber escuchar a las calaveritas para saber de quién se trata. “Ellas te cuentan, entre otras cosas, de dónde vienen y si fallecieron o no en circunstancias trágicas”. Las tres que guarda él ahora en una caja han sido bautizadas como Manuel, Ángel y Antonio. “Manuel murió por envenamiento. Antonio, por causas naturales. Y Ángel, que era un niño, por asfixia”, señala. Foto: Álex Ayala.

Según Josué González, clarividente y curandero, basta con tener un poco paciencia y saber escuchar a las calaveritas para saber de quién se trata. “Ellas te cuentan, entre otras cosas, de dónde vienen y si fallecieron o no en circunstancias trágicas”. Las tres que guarda él ahora en una caja han sido bautizadas como Manuel, Ángel y Antonio. “Manuel murió por envenamiento. Antonio, por causas naturales. Y Ángel, que era un niño, por asfixia”, señala. Foto: Álex Ayala.

Desde hace años, cada 8 de noviembre, Mariela Altamira lleva a su calaverita Josefina dentro de una caja de zapatos al cementerio de La Paz. Allí se celebra El Día de Ñatitas, una fiesta pagana que reúne a cientos de devotos que rinden homenaje a las calacas. Foto: Álex Ayala.

Desde hace años, cada 8 de noviembre, Mariela Altamira lleva a su calaverita Josefina dentro de una caja de zapatos al cementerio de La Paz. Allí se celebra El Día de Ñatitas, una fiesta pagana que reúne a cientos de devotos que rinden homenaje a las calacas. Foto: Álex Ayala.

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