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Isaías 35:2 dice que la tierra estaría “gozosa con gozo y con alegre gritería”. Es obvio que el suelo y las plantas no estuvieron literalmente ‘gozosos con gozo’. No obstante, el que estos cambiaran y se tornaran fértiles y productivos podía hacer que la gente se sintiera de esta manera.

Con respecto a esto se pudiera decir que los cristianos verdaderos están en una posición peculiarmente favorable. ¿Por qué? Se empeñan en aplicar el consejo de Jesucristo de no fijar sus corazones en las riquezas materiales. En cambio, ‘buscan primero el reino de Dios y su justicia.’ (Mateo 6:19-33)

En cierta ocasión un escriba le prometió a Jesús: “Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.”. Pero cuando Cristo le explicó que “el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”, ya no lo tuvo tan claro. Parece que al escriba no le gustó la incertidumbre sobre dónde iba a comer la próxima vez o dónde iba a alojarse, pues nada indica que se hiciera discípulo de Cristo (Mateo 8:19, 20).

Tanto la esperanza del cristiano como la de la humanidad residen en Jesucristo. Esta feliz esperanza se realizará “en la revelación de Jesucristo”. (1Pedro 1:13, 21; Tito 2:13.) Por lo tanto, el apóstol Pablo llama a Cristo Jesús “nuestra esperanza”. (1Timoteo 1:1.)

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Acerca de los 144.000 israelitas espirituales a quienes se admite en la ciudad celestial, la Nueva Jerusalén, se escribió en Apocalipsis 22:1-3. Al aprovechar plenamente toda esta bondad inmerecida de Jehová Dios por medio de Jesucristo, los que muestren aprecio y sean obedientes harán de su resurrección “una resurrección de vida.”

Las manos pueden convertirse en un instrumento peligroso, pues con ellas es posible violar gravemente las normas morales de Jehová. Por eso, debemos estar resueltos a permanecer puros siguiendo la exhortación de Pablo en Colosenses 3:5. Estas palabras ponen de relieve las contundentes medidas que hay que tomar para luchar contra los deseos carnales.

Jesús les dijo a sus discípulos que ellos eran “la luz del mundo” y les mandó que hicieran brillar su luz para que así la gente pudiera ver “sus obras excelentes”, es decir, sus buenas acciones a favor del prójimo. Su luz brillaría “delante de los hombres”, iluminando espiritualmente a la humanidad