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Las personas cuyas expresiones verdaderamente nos incitan “al amor y a las buenas obras” son amigos leales. (Hebreos 10:24) La asociación con estas personas puede contribuir al crecimiento de uno a la madurez cristiana.

Los cristianos deseamos pensar, razonar y actuar con sensatez. Y para conseguirlo, debemos dominar nuestros pensamientos y sentimientos e imitar la forma de pensar, sentir y actuar de Jehová.

Según muestran los primeros versículos, el rey Herodes comenzó a maltratar a los cristianos para ganarse las simpatías de los judíos. Como seguramente sabía que Santiago era un fiel apóstol y buen amigo de Jesús, decidió matarlo “con la espada” (versículo 2). ¡Qué doloroso fue para los hermanos perder a aquel apóstol al que tanto querían!

Jehová es un Dios “rico en misericordia.” De él cantó el salmista. (Efesios 2:4; Salmos 145:8, 9) la misericordia es una cualidad característica de la personalidad de Dios. Es su manera normal de responder tocante a los necesitados, una faceta agradablemente conmovedora de su amor.

Cuando Jehová Dios creó a la primera criatura humana en la Tierra, el amor lo movió a hacerlo. No es que el primer hombre tuviera la forma corporal de Dios, sino que fue dotado de cualidades como las que Dios mismo tiene, y estas cualidades mentales, espirituales y emocionales lo distinguían de las formas inferiores de vida de criatura en la Tierra.

Sean cuales sean las angustiosas circunstancias que vivamos, tengamos la seguridad de que el amor de Jehová por su pueblo, sí, por cada uno de nosotros, es inmutable. Toda aparente derrota que suframos se convertirá en victoria si somos íntegros. El amor inquebrantable de Dios es una garantía que nos fortalece y sostiene.

La tradición oral de los judíos sostenía que era apropiado ‘odiar al enemigo’. No obstante, Jesús dijo que debemos amar a nuestro enemigo, no solo a nuestro amigo. Resulta difícil, pero no imposible. Amar a un enemigo no implica que deban gustarnos sus hábitos y acciones. La persona que manifiesta a·gá·pe, amor basado en principios, hace el bien incluso a un enemigo que lo odia y lo maltrata.

Juan cita la esperanza de los ungidos. ¡Qué gran amor ha mostrado Dios al adoptarlos como hijos espirituales, haciéndolos así “hijos de Dios”! (Romanos 5:8-10.) La sociedad humana injusta no comparte el espíritu devoto de estos, sus objetivos ni sus esperanzas. Esta sociedad odia a Cristo y a sus seguidores, y a su vez al Padre. (Juan 15:17-25.) El mundo quizás conozca a los ungidos como individuos pero no como hijos de Dios, porque ‘no ha llegado a conocer’ a Jehová. (1 Corintios 2:14.)

Son palabras muy fuertes, y más si tenemos en cuenta que Jesucristo también llamó “homicida” y “mentiroso” al Diablo (Juan 8:44). ¡Que nunca nos sean aplicables estos términos! Si enseñan a los hijos a amar a sus hermanos cristianos, también les estarán enseñando a amar a Jehová Dios.

Se requiere verdadera fe para hablar denodadamente acerca de la verdad de la Palabra de Jehová, porqué, aunque es buenas nuevas, es impopular para muchos. A menudo este mensaje requiere cambios drásticos en el modo de vida de uno, y a muchos no les gusta cambiar su modo de vida tradicional. Quizás se mofen del mensaje o sean indiferentes. Sin fe pudiéramos dejar de hablar. Sin embargo, los cristianos verdaderos son movidos por la misma fe que movió al apóstol Pablo.