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¿Quiénes somos para medir el amor de Dios? ¿Cómo medir lo que no tiene medida? ¿Quiénes somos para medir a Dios mismo, que es Amor? No podemos decir que el amor de Dios sea mayor hacia unas personas u otras, ya que es el primer paso hacia la desesperanza luterana. La predestinación que esconde la soberbia de quienes se sienten salvados y santos de forma predeterminada. El amor de Dios es sobreabundante y desbordante, nunca cicatero y determinista:

¿Quiénes somos para medir el amor de Dios? ¿Cómo medir lo que no tiene medida? ¿Quiénes somos para medir a Dios mismo, que es Amor? No podemos decir que el amor de Dios sea mayor hacia unas personas u otras, ya que es el primer paso hacia la desesperanza luterana. La predestinación que esconde la soberbia de quienes se sienten salvados y santos de forma predeterminada. El amor de Dios es sobreabundante y desbordante, nunca cicatero y determinista:

Igual que el ciego Bartimeo tendríamos que gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!. Esperar a que Cristo nos pregunte qué queremos y abrir nuestro corazón a su misericordia. La justicia de Dios será la que obre el milagro de darnos lo que realmente necesitamos y cualquier cosa que podemos pedirle. Pidámosle que nos abra los ojos, los oídos y el corazón. Sólo El puede hacer ese tremendo milagro.

Igual que el ciego Bartimeo tendríamos que gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!. Esperar a que Cristo nos pregunte qué queremos y abrir nuestro corazón a su misericordia. La justicia de Dios será la que obre el milagro de darnos lo que realmente necesitamos y cualquier cosa que podemos pedirle. Pidámosle que nos abra los ojos, los oídos y el corazón. Sólo El puede hacer ese tremendo milagro.

Dios nos “llama a su seguimiento para darnos la salvación. Ya que seguir al Señor es tener parte en la salvación, como el que sigue la luz tiene parte en la luz” pero nosotros preferimos andar por libre. La misión para que nos llama el Señor no es nada sencilla, es imposible si no contamos con la Gracia de Dios. Por eso mismo es importante decir sí al Señor y confiar en Su Voluntad. Buscar caminos alternativos nunca nos llevará hacia donde está la Luz, que es Cristo.

Dios nos “llama a su seguimiento para darnos la salvación. Ya que seguir al Señor es tener parte en la salvación, como el que sigue la luz tiene parte en la luz” pero nosotros preferimos andar por libre. La misión para que nos llama el Señor no es nada sencilla, es imposible si no contamos con la Gracia de Dios. Por eso mismo es importante decir sí al Señor y confiar en Su Voluntad. Buscar caminos alternativos nunca nos llevará hacia donde está la Luz, que es Cristo.

Dios

Dios

Los sacramentos nos son actos mágicos que nos transforman contra nuestra voluntad. No por mucho comulgar o confesarse, la Gracia de Dios penetra en nosotros. Ya nos dijo Cristo que “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lc 9, 23). La Gracia de Dios necesita de la negación de nosotros mismos y de la aceptación de los problemas, limitaciones, heridas, contradicciones que llevamos con nosotros.

Los sacramentos nos son actos mágicos que nos transforman contra nuestra voluntad. No por mucho comulgar o confesarse, la Gracia de Dios penetra en nosotros. Ya nos dijo Cristo que “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lc 9, 23). La Gracia de Dios necesita de la negación de nosotros mismos y de la aceptación de los problemas, limitaciones, heridas, contradicciones que llevamos con nosotros.

puta frases machistas

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La Divina Proporción,Divine Proportion

Contemplar el rostro de Cristo reflejado en las tallas que desfilan por muchas de nuestras ciudades, es maravilloso. Ver el rostro de la Verdad siempre conlleva acercarse al misterio de la Voluntad de Dios. Es maravilloso, pero ¿Cuántas personas vieron pasar a Cristo por delante de ellos y no llegaron a intentar tocar, si quiera, su manto? Dios siempre da el primer paso, se presenta ante nosotros de muchas formas, pero espera que nosotros demos el segundo paso.

Contemplar el rostro de Cristo reflejado en las tallas que desfilan por muchas de nuestras ciudades, es maravilloso. Ver el rostro de la Verdad siempre conlleva acercarse al misterio de la Voluntad de Dios. Es maravilloso, pero ¿Cuántas personas vieron pasar a Cristo por delante de ellos y no llegaron a intentar tocar, si quiera, su manto? Dios siempre da el primer paso, se presenta ante nosotros de muchas formas, pero espera que nosotros demos el segundo paso.

Sin duda cualquiera de las custodias que empleamos para transportar a Jesús Sacramento es digna e incluso muchas de ellas son joyas y obras de arte. Sin duda la Sagrada Forma es presencia real de Dios entre nosotros. Pero tenemos que se conscientes que para Dios, cualquiera de nosotros somos más valiosos que la más maravillosa custodia. Cuando nosotros llevamos en nosotros la presencia de Cristo, podemos mostrar que es una verdad viva que respira y siente.

Sin duda cualquiera de las custodias que empleamos para transportar a Jesús Sacramento es digna e incluso muchas de ellas son joyas y obras de arte. Sin duda la Sagrada Forma es presencia real de Dios entre nosotros. Pero tenemos que se conscientes que para Dios, cualquiera de nosotros somos más valiosos que la más maravillosa custodia. Cuando nosotros llevamos en nosotros la presencia de Cristo, podemos mostrar que es una verdad viva que respira y siente.

Es curioso lo que San Buenaventura indica de San Francisco: cuando daba algo de dinero, también daba un beso. No sólo se realizaba un acto solidario, sino que ofrecía el afecto y cercanía, que sólo la caridad puede dar. Con el beso San Francisco le decía al leproso que lo consideraba digno y valioso. Realmente era Dios quien daba el beso al leproso a través de San Francisco, que dejaba que el amor de Dios le utilizara para llegar a sus hermanos.

Es curioso lo que San Buenaventura indica de San Francisco: cuando daba algo de dinero, también daba un beso. No sólo se realizaba un acto solidario, sino que ofrecía el afecto y cercanía, que sólo la caridad puede dar. Con el beso San Francisco le decía al leproso que lo consideraba digno y valioso. Realmente era Dios quien daba el beso al leproso a través de San Francisco, que dejaba que el amor de Dios le utilizara para llegar a sus hermanos.

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