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¿Quiénes somos para medir el amor de Dios? ¿Cómo medir lo que no tiene medida? ¿Quiénes somos para medir a Dios mismo, que es Amor? No podemos decir que el amor de Dios sea mayor hacia unas personas u otras, ya que es el primer paso hacia la desesperanza luterana. La predestinación que esconde la soberbia de quienes se sienten salvados y santos de forma predeterminada. El amor de Dios es sobreabundante y desbordante, nunca cicatero y determinista:

Las herramientas de comunicación no son en sí un objetivo, un fin o una meta.. son "eso", herramientas.. e igual que en lo presencial triunfa más quien más "inteligencia emocional" sea capaz de desarrollar y más "habilidades sociales" sea capaz de controlar y entender..

Los cristianos creemos firmemente las palabras que los Apóstoles dejaron escritas en los Evangelios, ya que son Palabra de Dios. Creemos que el Espíritu Santo iluminó su mente y sus recuerdos, para conformar la Tradición, que se volcó en los Evangelios parcialmente. Quien no cree en los milagros de Cristo, no cree en su divinidad y por lo tanto, intenta humanizar a Dios para poderlo utilizar a su conveniencia.

Nos llaman fundamentalistas porque tenemos fundamentos y los defendemos con razón y fe: “A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo”. En el fondo todos somos fundamentalistas, porque todos, incluso los relativistas, defendemos nuestros fundamentos.

¿Quienes no se enteraron del nacimiento de Cristo? Las personas que vivían ocupadas de “lo suyo”, los tibios, los que no les importan las cosas de Dios. A ellos la presencia de Dios les resulta indiferente (Ap 3, 20). La llamada a la puerta de Cristo, queda ahogada por el ruido que hacen ellos mismos en sus vidas (Ap 3, 16).

San Gregorio señala algo muy interesante: la incapacidad de quien no tiene oídos para oír. Se acordarán que Cristo solía terminar bastantes discursos con la frase “Quien tenga oídos para oír, que oiga”. Quien en vida cultivó la sordera del espíritu, no oirá la voz de Dios que llama a los justos: “no merecerán oír la reconvención de Aquél a quien despreciaron”.

No pasa nada si los demás piensan que somos poco caritativos, ya que la verdadera caridad es invisible para los ojos de quienes la cuentan por el peso de lo que donamos. La verdadera caridad se viste de sonrisa, aprecio, ánimo y cercanía. La verdadera caridad no desprecia a quien recibe o le llena de cosas que no necesita realmente. La verdadera caridad es Dios que se transparenta a través de nosotros y llega a los demás.

Es curioso lo que San Buenaventura indica de San Francisco: cuando daba algo de dinero, también daba un beso. No sólo se realizaba un acto solidario, sino que ofrecía el afecto y cercanía, que sólo la caridad puede dar. Con el beso San Francisco le decía al leproso que lo consideraba digno y valioso. Realmente era Dios quien daba el beso al leproso a través de San Francisco, que dejaba que el amor de Dios le utilizara para llegar a sus hermanos.

İznik Göllüce İlkokulu *3. Sınıf *: Psikolog Üstün Dökmen'den Güzel Bir yazı