"El señor de Bembibre" - 1844

Primera edición de la novela histórica "El señor de Bembibre", publicada por el editor Mellado en la Biblioteca Popular y Económica (1844) - Ilustraciones de Zarza y Batanero
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El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XX ... Arrodillose sobre la sepultura y en oracion ferviente pasó mas de una hora  ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XX ... Arrodillose sobre la sepultura y en oracion ferviente pasó mas de una hora ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XIX... - Si, si, tráeme mi vestido blanco, porque quiero pasearme por el lago. Estoy mejor, mucho mejor; y el dia me parece hermosísimo. Vos aquí tambien, don Alvaro! Y vos venerable padre! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XIX... - Si, si, tráeme mi vestido blanco, porque quiero pasearme por el lago. Estoy mejor, mucho mejor; y el dia me parece hermosísimo. Vos aquí tambien, don Alvaro! Y vos venerable padre! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XVIII ...  Él es! él es! esclamó doña Beatriz con la mayor vehemencia; ese es el mismo yelmo y el mismo penacho que llevaba en la noche fatal de Villabuena. Salid, salid, noble don Alvaro! ¡Oh Dios mio, gracias mil, de que no me abandone en este trance de amargura! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XVIII ... Él es! él es! esclamó doña Beatriz con la mayor vehemencia; ese es el mismo yelmo y el mismo penacho que llevaba en la noche fatal de Villabuena. Salid, salid, noble don Alvaro! ¡Oh Dios mio, gracias mil, de que no me abandone en este trance de amargura! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XVII...  Los tres guardaban silencio como si temiesen interrumpir con sus palabras la calma de aquel hermoso espectaculo, cuando un resplandor que venia del lado de Carracedo dio en los ojos de don Alvaro, y fijandolos con mas cuidado en aquel parage, vio un hombre de armas ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XVII... Los tres guardaban silencio como si temiesen interrumpir con sus palabras la calma de aquel hermoso espectaculo, cuando un resplandor que venia del lado de Carracedo dio en los ojos de don Alvaro, y fijandolos con mas cuidado en aquel parage, vio un hombre de armas ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XVI ... el montañés que nunca habia hecho ausencia tan larga de su casa, anhelaba extraordinariamente volver a ver la cara de su muger y los enredos de sus hijos; por lo cual, al cabo de una semana se despidió de su noble huésped y de su interesante hija, para volver a sus nativas montañas. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XVI ... el montañés que nunca habia hecho ausencia tan larga de su casa, anhelaba extraordinariamente volver a ver la cara de su muger y los enredos de sus hijos; por lo cual, al cabo de una semana se despidió de su noble huésped y de su interesante hija, para volver a sus nativas montañas. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XV... Por risueños puntos de vista que ofrezcan las orillas del Cua y del Sil, fuerza es confesar que la calma, bonanza y plácido sosiego del lago de Carucedo no tiene igual tal vez en el antiguo reino de Leon. Doña Beatriz casi arrobada en la contemplacion de aquel hermoso y rutilante espejo guarnecido de su silvestre marco de peñascos, montañas, praderas y arbolados, parecia engolfada en sus pensamientos. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XV... Por risueños puntos de vista que ofrezcan las orillas del Cua y del Sil, fuerza es confesar que la calma, bonanza y plácido sosiego del lago de Carucedo no tiene igual tal vez en el antiguo reino de Leon. Doña Beatriz casi arrobada en la contemplacion de aquel hermoso y rutilante espejo guarnecido de su silvestre marco de peñascos, montañas, praderas y arbolados, parecia engolfada en sus pensamientos. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XIV ... Una mañana pues, que Saldaña se paseaba por los adarves que miran al poniente y veia correo el Sil á sus pies con sordo murmullo, vino un aspirante á decirle que un montañés solicitaba hablarle... - Dios os guarde señor comendador. Acá estamos todos. -¿Eres tu, Andrade? respondio en comendador sorprendido. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XIV ... Una mañana pues, que Saldaña se paseaba por los adarves que miran al poniente y veia correo el Sil á sus pies con sordo murmullo, vino un aspirante á decirle que un montañés solicitaba hablarle... - Dios os guarde señor comendador. Acá estamos todos. -¿Eres tu, Andrade? respondio en comendador sorprendido. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XIII... Tiempo es ya de que ventilemos nuestra querella, que solo con la muerte de uno de los dos podra acallarse. - No direis que os he estorbado el paso, contesto él, ahora que no soy sino soldado del Temple y que he renunciado á mis derechos de señor independiente, no me abochorna el igualarme con vos en esta singular batalla. El de Lemus sin aguantar á mas y rugiendo como un leon, arremetió á don Alvaro ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina XIII... Tiempo es ya de que ventilemos nuestra querella, que solo con la muerte de uno de los dos podra acallarse. - No direis que os he estorbado el paso, contesto él, ahora que no soy sino soldado del Temple y que he renunciado á mis derechos de señor independiente, no me abochorna el igualarme con vos en esta singular batalla. El de Lemus sin aguantar á mas y rugiendo como un leon, arremetió á don Alvaro ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina VIII...  El abad y don Alonso se quedaron solos por un momento delante del cadaver todavia caliente. -¡Pobre y angelical señora! tu ciega solicitud y extremada ternura han labrado la desdicha de tu hija unica. ¡La paz sea sobre tus restos! Pero vos, añadio volviéndose al señor de Arganza con el ademan de un profeta, vos habeis herido el arbol en la raiz! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina VIII... El abad y don Alonso se quedaron solos por un momento delante del cadaver todavia caliente. -¡Pobre y angelical señora! tu ciega solicitud y extremada ternura han labrado la desdicha de tu hija unica. ¡La paz sea sobre tus restos! Pero vos, añadio volviéndose al señor de Arganza con el ademan de un profeta, vos habeis herido el arbol en la raiz! ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina VI... Doña Beatriz reunio las pocas fuerzas que le quedaban para tan doloroso momento y acercandose al caballero, se quito del dedo una sortija y la puso en el suyo diciéndole: - Tomad ese anillo prenda y simbolo de mi fé pura y acendrada como el oro; y en seguida cogiendo el puñal de don Alvaro, se corto una trenza de sus negros y largos cabellos que todavia caian desechos por sus hombros y cuello y se la dio igualmente. ...

El Señor de Bembibre. Por Enrique Gil y Carrasco - (1844) Lámina VI... Doña Beatriz reunio las pocas fuerzas que le quedaban para tan doloroso momento y acercandose al caballero, se quito del dedo una sortija y la puso en el suyo diciéndole: - Tomad ese anillo prenda y simbolo de mi fé pura y acendrada como el oro; y en seguida cogiendo el puñal de don Alvaro, se corto una trenza de sus negros y largos cabellos que todavia caian desechos por sus hombros y cuello y se la dio igualmente. ...


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